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Meatpacking, Hell’s Kitchen, Chelsea y Brooklyn

Un lugar en el que se mezclan la industria y el transporte de la carne, con tiendas de moda de lujo y el ambiente más cool. Eso sólo podía pasar en Nueva York. Es el Meatpacking District, según algunos el nuevo sitio de moda en la ciudad y ayer pudimos comprobarlo.

El día empezó con algunas compras por la 5th Avenida. No teníamos pensado que fuese un día de shopping, pero Nueva York incita al gasto y a la mínima que te descuidas ya estás desenfundando lista para pasar la credit card. Compras a parte, ayer recorrimos la zona de Chelsea, un barrio residencial que me encantó. Se nota que nos apartamos del centro, porque se respiran ambiente completamente distinto. Tiendas de barrio, antigüedades, pequeños restaurantes y negocios de toda la vida… La gente camina despacio, tranquila, saludando a sus conocidos de siempre. Es como estar en un pequeño pueblo.

Y como tal, tiene su propio mercado, el Chelsea Market, la estrella del barrio que atesora los mejores manjares y “bakeries”. Esta antigua fabrica de galletas Nabisco (creador de las galletas Oreo) es ahora un enorme almacén culinario con muchísimo encanto y en el que podrás comprar de todo: pan recién horneado, cupcakes y pasteles personalizados (vimos verdaderas obras de arte), verduras frescas, quesos de cualquier tipo, productos gourmet o comida ecológica, para los más sanos. Además tambien tiene bares y restaurantes con muy buena pinta. Me encantó!

Tras una buena caminata empezamos a ver calles y calles llenas de sitios para comer. Efectivamente, estábamos en Hell’s Kitchen, zona plagada de restaurantes y bares que hacen muy difícil elegir dónde comer. La oferta culinaria es enorme e internacional, desde típicos dinners de comida americana hasta restaurantes latinos, italianos o indios. Unos pegados a otros.Decidimos comer en 5 Napkin Burger, un tipico bistró con una carta que mezcla sushi, ensaladas, carne a la barbacoa y hamburguesas. No sé cómo estaría el sushi, pero tenía una pinta buenísima y el local es muy recomendable si os pasáis por este distrito.

Con la barriga llena, seguimos andando hasta Meatpacking Distrct, el barrio que encabeza el comienzo de este post y que tiene un encanto especial. ¿Cómo describirlo? Para que os hagáis una idea, es como si estuviésemos en una zona industrial, con industrias, cárnicas, camiones de distribucion de mercancías, fábricas alimentarias y descampados; y de repente se plantan locales exclusivos de tiendas de firma, como Diane von Fürstenberg, Stella McCarthney o Prada. Muy peculiar, pero por si te quedan dudas, sólo echa un vistazo a tu alrededor y verás que estás rodeado de gente cool, aire bohemio y looks a la última.

Las vistas desde él son espectaculares, aunque lo pillamos en obras y había tramos tapados. Una recomendación: cuidado con la bibicletas. El camino peatonal es estrecho (la verdad es que me lo esperaba mucho más amplio) y además hay un carril para personas y otro para bicicletas. Los ciclistas van a toda velocidad así que no te despistes haciendofotos si no quieres llevarte un buen golpe. Lo cierto es que es un poco incómodo caminar por él, pero merece la pena.

Con lo amante de las tartas de queso que soy, no quería irme de Nueva York sin probar una buena cheesecake así que después de pedir recomendaciones, buscamos la conocida Eileen’s Cheesecake (17 Cleveland Place), un pequeñísimo local que al parecer hace una de las mejores cheesecakes de la ciudad. No sé si será verdad, lo único que sé es que estaba deliciosa. Además el surtido que tiene es enorme, desde la típica NY Cheesecake con fresa, a la de dulce de leche, calabaza, coco, chocolate y capuccino, etc. Además tiene una opción de low fat cheesecake y una cheesecake sin azúcar, para los que no puedan tomarla. La señora se reía de mi cara de placer al probar esa delicia :)

Con este buen sabor de boca, pasamos por el hotel para dejar bolsas, reponer fuerzas y pensar el sitio donde ir a cenar. Una vez más, nos dejamos aconsejar por mi guía de Lonely Planet. Parece que les estoy haciendo publicidad pero es que todas las reseñas de locales que estamos eligiendo nos están encantando. Esta vez elegimos algo cercano al hotel, para poder ir andando y fuimos a Café Gitane, al que define como bistró marroquí. Creo que de marroquí no tiene mucho, es más bien una carta con personalidad propia y platos de todo tipo: pastas, ensaladas con mezclas extrañas pero buenísimas, postres tradicionales perro también innovadores… El sitio es encantador, con luz tenue y ambiente joven. Pero lo que nos impresionó de verdad es que, al ser un local no muy grande, la cocida está totalmente a la vista y pudimos ver cómo los dos cocineros preparaban la comida a toda velocidad. Me quedé impresionadísima de cómo coordinaban los movimientos y no paraban un segundo!

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Un día en Nueva York – Empire State, bibliotecas y tiendas!

Me encanta divisar las ciudades a vista de pájaro, todos esos edificios que desde lo alto parecen de juguete. Hoy pude disfrutar de esa vista desde el Empire State, una impresionante panorámica de los rascacielos de Nueva York, que se extienden más allá de donde me alcanza la vista.

Tendrás que armarte de paciencia para pasar la cola de entrada al edificio, el control, la cola de taquillas, la cola del ascensor, etc. Pero los 22 $ que cuesta la entrada, y el tiempo de espera, merecen totalmente la pena. Si vas a Nueva York ni se te ocurra perdértelo. Y lleva una cámara contigo porque las fotos que harás son preciosas.

Después de disfrutar de la vista de la ciudad desde el Empire State (que por cierto, me enteré que se construyó en poco más de 400 días), decidimos hacer un poco de shopping y nos pasamos por Macy’s, unos famosísimos almacenes, de los más grandes del mundo. Entramos, pero tampoco pero no nos pareció nada del otro mundo; era como un Corte Inglés, pero en Nueva York.

Hoy para comer nos dejamos aconsejar de nuevo por mi guía de Lonely Planet. Elegimos el restaurante hindú Chennai Garden (27th St entre Park Ave y Lexington Ave), que luego vimos que estaba incluido entre los mejores de Nueva York. Pero eso no significa que sea caro, sino todo lo contrario, es un sitio con muy buen precio. Además durante la semana ofrece para el mediodía un buffet libre de mucha calidad por menos de 10$. Tortillas hindúes, refritos de verduras, hummus, etc. Y un arroz con leche para chuparse los dedos.

Por la tarde nos propusimos cruzar de un lado a otro la Quinta Avenida, entrando en todas las tiendas posibles. Las tarjetas de crédito ya estaban temblando, pero entonces nos topamos con algo que no me esperaba, la New York Public Library, una biblioteca maravillosa, tanto por su arquitectura como por los tesoros que guarda en su interior. Tenía pendiente visitarla, pero no sabía muy bien dónde estaría situada.

Flanqueada por dos enormes leones en la entrada, esta biblioteca fue en su nacimiento (1911) la estructura de mármol más grande jamás construida en EEUU. Paredes, escaleras, suelos, balaustres…todo es de mármol! Además me impresionaron muchísimo las salas de lectura, con grandes lamparas de araña, madera tallada y murales en el techo.

Con motivo de su 100 aniversario, la biblioteca muestra ejemplares de la literatura de valor incalculable. Uno de los dos únicos ejemplares de la primera edición de David Copperfield, de Dickens; un ejemplar de la primera edición de Frankenstein e incluso un mechón de pelo de su autora, Mary Shelley o partituras originales de Beethoven.

Tras culturizarnos un poco, seguimos la marcha por la Quinta Avenida. La tienda de Henrie Bende,, Victoria’s Secret (en donde estoy gastando buena parte del presupuesto) o Abercrombie&Fitch, en la que ni se nos ocurrió entrar con la semejante cola de gente que había esperando. Pero a mi la que de verdad me interesaba era la tienda de Lego. Son muy fan de este juguete desde pequeña y mi capricho de este viaje ha sido una megacasa de Lego que voy a poner en el salón. Después de compraría era más feliz que un niño con una piruleta :)

Y para acabar el día, cena en Bubba Gump, el restaurante mítico que hace honor a la película Forrest Gump. Está situado en pleno Times Square, así que era de esperar que tuviésemos que aguantar cola para cenar. Así fue: unos 50 minutos esperando, pero mereció la pena. Riquísimo todo, aunque lo que me dejó totalmente fascinada fue el postre: tarta de lima. Una de las mejores tartas que he probado nunca. Antes de ir, otra visita obligada al Bubba, aunque sea solamente por probar esa tarta otra vez.